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      Las renombradas Charca Grande y Chica, tal vez son de fundación romana por sus sillares de "opus quadratum", que se conservan. Indudablemente las utilizarían y cuidarían los árabes tan solícitos siempre de todo aprovechamiento del agua. Tuvieron siempre una triple misión: Regar unas setenta fanegas de hortalizas y frutales, mover los dos molinos y servir de cría de las mejores tencas y pardillas de la Región. Las hortalizas eran vendidas y muy cotizadas en todos los pueblos comarcanos; los molinos andaban en el verano tres veces por semana, facilitando el riego y las tencas fueron siempre el orgullo de los arroyanos que discutieron su mejor calidad con las vecinas de Brozas y Casar de Cáceres. Se nos cuenta que Felipe III pasó en una ocasión por Arroyo camino de Lisboa, probó las tencas y, tanto le agradaron, que mandó se le enviaran regularmente a uña de caballo a Lisboa durante su permanencia en la Capital Portuguesa.

      Las dos Charcas las compró el Ayuntamiento a los Dominicos de Cáceres que las habían adquirido anteriormente por donación de Diego Sánchez Escalerino. En el siglo XVIII, terminada la temporada de pesca, el Ayuntamiento pescaba con redes las tencas y, con su importe, pagaba el sueldo anual del médico titular de la Villa.

Charca Chica
Charca Chica